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Llevo tiempo en una caja de preservativos gratuitos en la recepción. Vi de todo. Adolescentes nerviosos, señores que se llevan uno mirando para los costados, Lo normal.
Pero hoy entró un tipo. Feo de verdad. Una cara que parecía diseñada en Sims cuyo objetivo era hacer al personaje más horrendo. Hasta ahí. No estoy para juzgar, soy un forro (literalmente).
Primero agarró cinco compañeros. Después un puñado entero. En un momento metió la mano como si estuviera sacando pochoclos en el cine.
Yo lo miraba desde el fondo, horrorizado. ¿Para qué necesitaba tantos?
Seguro los reparte en alguna campaña.
Dios sabe que quise creer. Lo extraño es que ese ser llevaba una bolsa del supermercado Día, repleta de lo que parecían ser pepinos, berenjenas y cosas de forma fálica. Incluso, ví un desodorante Rexona ahí.