Left 4 Birras
Hispa y Nietzki se encuentran tomando unas cervezas en un antro cualquiera, todo parece tranquilo y nada hace indicar que no vaya a ser una tarde normal. La tapa que les ponen no acompaña, pero finalmente el hambre aparta momentáneamente sus gustos culinarios y les empuja a comer lo que contiene el pequeño plato de la barra. Cuando sin aviso previo, tiene lugar un acontecimiento que sin ellos saberlo, cambiará el destino de sus vidas...
- ¡¡Hispa cabrón!! Serás cerdo, me cago en tu puta madre ¿Dónde está mi caña?
- Tu sabrás hijo de perkins, esta es la mía, no es mi problema que te metas por el culo todo lo que te ponen. - respondío Hispa sin apenas darle importancia.
- Serás gilipollas, pero si hace un momento estaba aquí, joder, ¡¡DIOS!!... - Nietzki, enfadado, golpea la barra llamando la atención del camarero, el cual sigue limpiando vitrinas ajeno a la conversación.
- Oye tu, que creo que te la ha quitado el tío que está detrás tuya. - Hispa le señala con una corteza de cerdo - Ese todo feo que parece un zombie.
Acto seguido Nietzki se gira y toca el hombro del individuo que se encontraba a su espalda.
- Oye perdona, creo que te estás bebiendo mi cerveza. - esperó unos segundos, pero no recibió respuesta, lo que le llevó a alzar un poco la voz - ¡¡Oye!! Te estoy hablando, creo que esa es mi cerveza.
Mientras tanto, la gente comenzó a salir del bar un tanto apresurada, nadie sabía lo que sucedía, pero algo raro se respiraba en el ambiente. Hispa y Nietzki permanecían ajenos a esta circunstancia, la recuperación de la cerveza les mantenía distraídos… pero no por mucho tiempo…
Hispa, cansado de la situación y con la intención de terminar con el incidente, se levantó de su taburete y se dirigió al cleptómano cervecero.
- A ver tu, subnormal, cuando mi amigo te hable, le miras a la cara – acto seguido agarró al hombre del hombro y le giró para que les diera el frente - ¡HOSTIAS TÚ! ¡QUE ESTE TÍO ESTÁ MAS MUERTO QUE EL PENE DE FALETE!
- ¡Me cago en la puta! ¡Dale con la banqueta joder dale! – sin pensárselo dos veces, Hispa agarró la banqueta y la estampó sobre la cabeza del cadáver andante, del cráneo hecho añicos surgieron unos chorros de pus verde que fueron a parar sobre Nietzki. – Vale… ha sido una mala idea… joder… la camisa era nueva… ¡Me cago en todo! Hispa, vamos a mi casa, tengo un par de escopetas, nadie me roba la cerveza y me jode una camisa el mismo día… esto no va a quedar así…


